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13 mar. 2013

Undécimo capitulo. "Recuerdos."


Capitulo 11. "Recuerdos"

Emily miró a su alrededor sin encontrar a Shara, cosa que le extraño mucho y sin más dilación, preguntó sin rodeos a Emma, la cual se puso algo nerviosa.
-¿Dónde esta mi hermana Emma?. ¿No estabas con ella?. -Le miró a los ojos directamente.
-Esto... Sí, estaba con ella, pero se fue con Daniel a la cocina y después por lo visto ya no estaban. - Respondió mordiéndose el labio nerviosa.
-Bueno no importa, la pobre no sabe dónde esta, ¿no lo ves Emily?. Bastante ha pasado ya... -Le medio defendió Bratt.
-Ya, ya lo veo, pero se supone que vino a estar con ella y sabían que veníamos para irnos enseguida que el viaje no es corto... -Susurró Emily intentando relajarse.
-Perdón... -Dijo Emma con los ojos llorosos.
-Buenas tardes abuelos, y buenas tardes a... Todos vuestros invitados. Hacía mucho que no había tanta gente por esta casa. -Dijo en un tono melancólico Carlos entrando en el comedor con los dos vasos de agua.
-Sí, desde que...
-¡No lo digas!.- Interrumpió Carlos al anciano muy alterado y a la vez con una cara de máxima desesperación que se podía observar con claridad, hasta uno de los dos vasos se le cayeron al suelo.
-Tranquilízate Carlos... -Susurró al anciana.
Carlos tragó saliva con fuerza y dejando el otro vaso en la mesa del comedor se fue negando desesperado con las manos en al cabeza.
Emily lo miró muy extrañada, suspiro como si a un loco acabará de ver y rodando los ojos hasta Bratt susurró inpasiva y los ojos entornados. -Tenemos que encontrar a Shara nosotros mismo si en una media hora no ha vuelto, no quiero que nos regañen en casa por su irresponsabilidad.
Bratt simplemente afirmo algo preocupado por aquel chico y Emma seguía nerviosa, aun más después de lo que acababa de ver que le ocurrió a Carlos. Había intuido de lo que dijo Daniel que Carlos era aquel al que temía, pero después de estar casi toda al mañana hablando con él y de ver lo que acababa de ver le daba lástima, incluso se preocupó por él.
Emily se sentó en el sofá junto a los dos ancianos que parecían preocupados por su nieto, e intentó calmarlos y hablar con ellos y Bratt quiso hablar con Emma, pero esta se fue a buscar a Carlos, por lo que tragó saliva, se quedó cabizbajo y suspirando salió al patio un rato.
-¿Qué le pasó a aquel muchacho?. -Preguntó Emily al ver a los dos ancianos tan preocupados.
-Pues recuerdos, cosas del pasado que no quiere recordar, siempre que lo hace se altera mucho y deja de ser el mismo, sobretodo le ocurre al ver a su hermano.- Dijo el anciano suspirando mientras su mujer cerraba los ojos apenada.


Emma a su vez estaba subiendo las escaleras, y llegó hasta una habitación que tenía al puerta abierta a la cual no había entrado antes. Dentro estaba Carlos, llorando y tragando saliva con un marco de fotos abrazado. Emma se acercó despacio y susurrando que si se podía se sentó a su lado en al cama.
Carlos la miró con los ojos enrojecidos y la cara empapada de lagrimas como el que más y susurrando avergonzado de que le viera así dijo. -¿Por qué has venido...?
-Vine por si quieres hablar o soltar lo que llevas dentro... Y porque me has preocupado... - Respondió sinceramente Emma con una mirada dulce.
-Esto... No se... Nunca conté esto a nadie... So..Solo lo saben mis abuelos, Daniel y gente que ya no esta... -Susurró llorando de nuevo aunque el nombre de Daniel lo mencionó con sumo desprecio e ira.
-Tu me has escuchado a mi cuando te hablé del chico aquel... Y eso que no me conoces... Puedo escucharte si quieres... No pienso decir nada, es algo que se queda entre tu y yo, ¿vale?. -Le susurró Emma sonriendole levemente y mirándole a los ojos.
Carlos simplemente cerró sus ojos y asintió levemente.
-Cuando puedas, no hay prisa... -Susurró Emma.
-Este recuerdo... Esta agonía... ocurrió hace muchos años... Muchísimos años ya... -susurró agónico Carlos.
Emma asintió acariciándole el pelo, y tras eso comenzó a relatar al historia Carlos:
-Hace muchos años, cuando en esta casa vivíamos yo, Daniel y mis padres, todo iba bien, yo tenía solo unos 12 años y estaba jugando con unos amigos en el parque que había antes cerca de aquí. Era ya por la tarde, y al día siguiente sería Lunes por lo que no podía estar mucho tiempo jugando, tendría que volver temprano, así que sobre las 8 me volví a casa andando despacio, ya que me había torcido el tobillo. Daniel estaba en casa con mi madre y mi padre, no había terminado sus deberes para el Lunes y no le habían dejado ni salir un momentito al pequeño jardín.
Cuando ya estaba enfrente de la casa comenzó a chispear y al poco rato a llover con fuerza, no me mojé mucho de milagro, y cuando entre a casa me cambié y me senté junto a al chimenea. Daniel hacia los ejercicios en el mismo salón, en al mesa mientras mi madre preparaba nuestra cena favorita, espaguetis. Mientras mi padre estaba fuera, arreglando unas tejas rotas que provocaban una gotera en la alacena que tenemos en la casa.
El caso es que mi madre estaba enferma del corazón, y nunca podíamos portarnos demasiado mal ni darle disgustos fuertes, porque una noticia muy mala o algo que la agobiase demasiado podía propinarle un infarto por un ataque de ansiedad.
Mi padre nos llamó a gritos a Daniel y a mi para que sujetáramos al escalera, puesto que al llover tanto no podía estar más en el techo sin más, no quería acabar accidentándose.
Salimos ambos y yo sujeté la escalera, pero cuando mi padre comenzó a bajar las escaleras y aun estaba bastante alto le dio algo de miedo, puesto que la escalera temblaba un poco, yo no podía sujetar la escalera bien, no tenia al suficiente fuerza. Le grité a Daniel para que viniese rápido, estaba haciendo el tonto dando vueltas bajo al lluvia con las manos entendidas y la mirada al cielo, y cuando me escuchó vino corriendo, pero lo único que hizo... Lo que hizo...
Al venir corriendo se resbaló por lo visto por ir haciendo el tonto y empujó la escalera con el golpe, tras ello... Tras ello mi padre no.. No lo contaba, estaba en el suelo, con al mirada perdida, sin aliento. Fui corriendo tras él y le estuve hablando, gritando, pero no respondía. Su piel se estaba enfriando y su cuerpo estaba rígido en el suelo. Pude ver como le sangraba la nariz y a la vez había un pequeño charco que se agrandaba bajo su cabeza, un charco de sangre...
Daniel estaba con las manos en al boca al levantarse, llorando sin decir nada, y mi madre vino corriendo al oír tremendo golpe. Venía con miedo en el cuerpo, respiraba demasiado rápido, como cuando el da un ataque de ansiedad, y de golpe, al ver mis manos con sangre del charco y al ver a mi padre en el suelo, sin vida, sin moverse, le... Le dio un infartó y cayó al suelo redonda... Fui junto a ella también, pero tampoco respondía, llamé a la ambulancia, a mis abuelos, a todo el que estuviese cerca. Grité, reclamé a los cielos sin cesar de llorar, pero era demasiado tardé, ambos están muertos... Muertos por su culpa... Por la culpa de ese maldito... De ese maldito hijo de puta... - Carlos rompió a llorar de golpe de nuevo sin más, como si no pudiese hacer nada, desconsolado y apretando el marco contra su pecho.
Emma simplemente lo abrazó apenada y con unas pequeñas lagrimas asomar de sus ojos.
Todo cuanto le acababa de decir, lo que tuvo que vivir de pequeño, la culpa que le echaba a Daniel de todo... Era comprensible que le tuviese tanto odio. No aprobaba que le maltrataba como Daniel indicaba que ocurría, pero también entendía el porque de tanto odio, de tanto desprecio.
-Te entiendo... Es normal que estés así... -Susurró Emma.
-No, no lo entiendes y nunca lo entenderás, solo podrás comprender lo... -Dijo de golpe entre sollozos Carlos.
-Cierto... -Susurró Emma cabizbaja.
-No importa... -Le dijo Carlos.- Gracias.
Tras aquellos le miro a Emma a los ojos y esbozando una leve sonrisa algo forzada pero bien disimulada se quedaron ambos un rato hay, hasta que Emma decidió dejarle solo después de habérselo contado todo, para que se calmase mejor o por si quería estar solo.


En la plaza, en aquel banco sentados seguían Shara y Daniel, los dos sin soltarse de la mano y con el corazón acelerado por aquel beso que se acaban de dar. Se pasaron todo el rato mirándose a los ojos, sin saber que decir, sin saber que hacer, simplemente perdiéndose en la mirada del otro cada uno de los dos.
Ambos perdieron la noción del tiempo, hasta que sonaron las campanas del reloj de la plaza. Shara se sobresaltó y miró el móvil. Al ver la hora se levantó de golpe soltando despacio al mano de Daniel preocupada.
-Mierda... ¡Mierda, mierda, mierda!. -Se decía a si misma al pensar en que su hermana estaría ya en casa de los ancianos y en al que le iba a caer.
-¿Estas bien Shara...?.- Susurró Daniel levantándose preocupado.
-Si, si, tranquilo, es solo que Emily hará llegado ya a casa de tus abuelos y cuando vea que no estoy, cuando llegue me mata... -Se mordió el labio tras decir aquello algo nerviosa.
-Pues volvamos, ¿vale mi vida?.- Susurró Daniel de nuevo cogiéndola de la mano.
Al oír aquel “mi vida” se sonrojó muchísimo y asintió avergonzada, se aferró a su mano y comenzó a andar rápidamente dejándose guiar por Daniel, ya que ella andaba bastante perdida. Mientras tanto Emily miraba el reloj y se empezaba a enfadar con Shara, por lo que decidió llamarla al móvil.
Shara al ver que el móvil sonaba se agobio y se aferró más a la mano de Daniel el cual le acariciaba esta con el pulgar lentamente para intentar calmarla mientras esta se paraba para atender la llamada.

Emma al bajar se topó con Bratt, el cual acababa de volver a entrar del jardín. Al ver la cara de Emma, los dos surcos mal quitados de las lagrimas de antes y la cara de angustia que tenía, la agarró por el brazo con cuidado y la arrastró hasta el fondo del pasillo, antes de llegar a la cocina. Quería hablar con ella, necesitaba hacerlo y ahora que la tenía cerca no podía perder al oportunidad, y menos queriendo preguntarle por como estaba al verla así.
-Emma; esto... ¿Estas bien?. -Preguntó Bratt sirectamente sin darle explicaciones de porqué la había cogido así de improvisto.
-Podría estar mejor... Pero sí. ¿Me puedes explicar por qué acabas de hacer lo que hiciste. Digo yo que deberías.- Dijo algo molesta.
-Sí, necesito hablar contigo y no puedo esperar a que lleguemos a la cuidad, y menos al haber visto así... -Le respondió mirándola a los ojos.
Ella simplemente suspiró, ya no podía ir nada a peor, o eso creía ella.
-Se trata de Aidan... Por lo visto salió ayer del hospital muy cabreado, no tenía buen aspecto y llevaba unos cuantos puntos de sutura en una de las cejas y el labio aun partido, pero mejor no te doy detalles, no es que este muy agraciado ahora...
-No quiero saber nada más de ese gilipollas... -Le cortó de golpe Emma tragando saliva.
-Ya lo se... Pero debes escucharme... Por favor, es muy importante... -Susurró angustiado Bratt.
-Venga... Dime... -Susurró con amargura.
-Pues... Cuando salió del hospital estaba muy cabreado, lo vi el día de antes de venir, porque había quedado con dos o tres de los chicos con los que yo quedé. Se rierón un poco de su aspecto y se puso a maldecir, a mal hablar y a decir que todo era por tu culpa, porque eras... Bueno...
-Una zorra, ¿no?. -Dijo casi con lagrimas en los ojos.
-No eres una zorra... Pero si, lo dijo... Y también que te daría una paliza que te acordaría de quien manda, y que al nenico que le pegó lo mataría a palos la próxima vez... Así como lo escuchas... Quería decírtelo para que sepas que no estas sola, que puedes contar conmigo. Si alguna vez te da miedo salir o estar en casa sola o lo que sea, ¿podrías llamarme si quieres que vaya?. No quiero dejar que te pasé nada... No quiero. -Dijo angustioso Bratt.
-No lo se... No se que hacer... -Susurró con amargura Emma. - Me quiero morir...
Bratt se alteró mucho y el alma se le cayó al suelo al oír aquello, por lo que la abrazó sin más con los ojos llorosos.
-No va a pasar nada... No voy a dejar que te haga nada... -Susurró con al voz temblorosa.
-Siempre consigue lo que quiere...
-Esta vez no... Y no soy el único que esta alerta, se lo conté a mi tío... Y dice que lo tendrá vigilado... -Susurró Bratt.
-Gracias... -Dijo llorando Emma en sus brazos.
Bratt simplemente negó. Emma sabía que el tío de Bratt era policía, por eso le dio las gracias, por eso y por lo que él hacía sin más por ella, pero estaba realmente angustiada, tenía mucho miedo.

Se le acumulaba todo. La historia de Carlos, el tema de Aidan, no podía más.
A su vez Shara estaba agobiada también, aun no sabía lo de Aidan, pero se sentía mal por no poder hacer nada realmente por Daniel y en parte no quería volver por Carlos. Además se le juntaba que Emily en cuanto la viese le diría de todo por no estar, ya la conocía bien, y cuando no cumplía con “lo que tenia que hacer” la acababa criticando hasta el agotamiento de su paciencia, y no quería que Daniel tuviera que ver aquello teniendo ya a Carlos en casa. Se estaban juntando muchos acontecimientos, muchas ilusiones, muchas esperanzas y a la vez muchas agonías y sentimientos para todos. ¿Qué será de Daniel cuando llegue a casa tras lo que acababa de pasar le a Carlos?. ¿Qué sería de Emma?. ¿Qué ocurriría en el futuro y que pasaría antes de que se fuera Shara a la ciudad?. Muchas cosas estaba aun por suceder, esto solo acaba de comenzar.



4 mar. 2013

Lo que siento.


Este sentimiento...
Es tan desagradable.
Tan insoportable.
Es puro sufrimiento...

Llega el fuerte nudo,
que se aferra a la garganta,
y se aferra y ahí aguanta,
a pesar de ser fuerte o rudo.

Tras él llega la agonía.
La agonía de la desesperación,
a la que quieres poner solución,
pero a la que no pones fin en tu día a día.

Junto a esa agonía llega la rabia,
cargada de ira y furia.
Sintiéndote un demonio que mataría,
aunque no fuera una solución sabía.

Y cuando estas en pleno desquicio,
llega la tristeza.
Y aunque creas que ya esta, en realidad esto solo empieza,
puesto que es solo el borde del precipicio.

Comienza el llanto.
El llanto amargo y silencioso;
lleno de angustia y tan doloroso,
que no piensas que pudiese doler tanto.

Junto al llanto, llega el dolor.
El dolor de no poder hacer nada.
De pensar a la desesperada,
y sentir un insoportable ardor.

Tras una leve calma,
donde te sientes incapaz,
llega el fin de tu inestable paz,
y se te desmorona el alma.

Te sientes abatido.
No sabes que decir o hacer,
a veces llegando a enloquecer,
porque tu calma a huido.

Todo esto, es la impotencia.
Un sentimiento que te hunde,
y que a la vez infunde,
una gran violencia.

Situación actual.

A día de hoy estoy estoy en un tiempo de reposo. ¿Y reposo por qué?. Porque tuve hace unas dos semanas y algo más una urgencia, un neumotorax grabe, por el que tuve que ser operado de urgencia y demás, por eso no he publicado nada ni he escrito nada hasta día de hoy. Mis disculpas.
Posiblemente si había gente que no me conoce y me seguía, puede que a día de hoy no me leáis porque penséis que me dejé le blog, pero bueno, lo siento.
Os voy a dejar una poesía que acabo de escribir. Si, se que no es un capitulo largo en el que sumirse en una lectura, pero espero que os guste aunque sea un poco.
Lo colgaré en una nueva entrada, saludos.