Páginas vistas en total

Seguidores

8 jul. 2013

Capitulo 15. Parte 1. "Te espero en el parque".

Bueno, este capitulo lo dividí en dos partes. Espero que no les resulte una molestia. Observé que cuanto más escribía y más largo se hacía, al no haber como una separación o página se cargaba la lectura y por comodidad los capítulos que superen las 5 páginas las divido en dos partes, de tres o cuatro páginas por parte. Si hay quejas díganlo y lo dejo como estaba, un saludo.


Capitulo 15. Parte 1. “Te espero en le parque”.


Se iba acercando la tarde y el sol ya estaba bajando muy lenta y suavemente desde lo alto. Daniel estaba esperando la llamada de Shara, pero, al ver que era algo tarde y que aunque no tuviese hambre algo había que comer, esperando no molestar con ello, entró de nuevo en la cocina y miró el reloj que había en ella. La verdad es que con el lio de las botellas de alcohol rotas no se había fijado bien en lo que le rodeaba, pero ahora que pretendía cocinar podía ver bien aquel lugar, como estudiándolo milímetro a milímetro. Suspiró y rebuscó un poco para encontrar una olla y el aceite. La verdad es que era una cocina amplia y bastante moderna por decirlo de algún modo. Todo se reducía a una gama de colores blancos o claros y al color metálico de algunas cosas. Se puso manos a la obra y mirando donde podía estar la pasta la halló en una especie de despensa. Cogió la cantidad que necesitaba y comenzó a poner el aceite en la olla. A su vez sacó luego una sartén, busco algo de carne picada en el frigorífico sonriendo al ver que si había y con ello comenzó a hacer sus espaguetis con carne.
Tras un rato cocinando y después de limpiar cuanto ensució y guardar todo en su lugar como acostumbraba a hacer en su casa, salió de la cocina y se fue al salón buscando a aquella chica, Camile.
-Mmmm, esto, Camile, ¿tienes hambre?. -Preguntó Daniel.
-Si, un poco, ¿por?. -Respondió Camile bastante alegré de que le hablara Daniel.
-Pues... me entró hambre, y no sabia si habrás comido tu o tus padres, pero hice algo de comida para todos, incluso para tu hermano, por si acaso, es más bien por si quieres comer... la mesa esta lista en nada. -Dijo algo cortado Daniel.
-Claro, claro, tranquilo. -Le respondió enérgicamente Camile con una sonrisa.- Ya voy a la cocina.
-De acuerdo. -Dijo Daniel con una leve sonrisa.
Tras esto volvió a la cocina, poniendo cubiertos para todos, pero dejando todos los platos vacíos, todos menos uno para el y otro para Camile. En cuanto acabó no le hizo falta salir para llamar a Camile, estaba ya en la puerta de la cocina mirándolo con una sonrisa de tonta en la boca.
-A, estas ahí, iba a ir a avisarte. -Dijo algo cortado Daniel sentándose en la que por lo visto era su silla.
-No pasa nada. - Dijo Camile con una gran sonrisa sentándose frente a Daniel y cogiendo el tenedor que tenía a su lado comenzó a probar la comida.
-Espero que te gusté... No es nada de otro mundo. -Susurró antes de comenzar a comer él.
-¡¿Estas bromeando?!. -Respondió de golpe Camile.- Si están buenísimos. -Dijo con una sonrisa enorme.
-De... ¿De verdad?. -Susurró Daniel.
-Si, en serio, están muy buenos. -Le dijo Camile con mucho agrado.
-Me alegro. -Dijo Daniel comenzando a comer de nuevo, hasta que de golpe sonó el móvil, era Shara.- Perdón, me llaman, sigue comiendo, ahora vengo. -Dijo Daniel mientras salia de la cocina cogiendo la llamada.
Camile le miró algo apenada y a la vez alegré de estar comiendo con él.
Daniel salió hacia el pasillo llegando al comedor mientras respondía a la llamada de Shara con mucho agrado y esperando que le diera una buena noticia.
-¿Si cariño?. -Dijo Dani al responder a la llamada.
-Bobo que me pones roja... -Dijo bastante enrojecida al oír la voz de Dani decir “cariño”.
-Se siente pequeña. -Respondió cariñosamente.
-He hablado con mi madre... y no me dejaba, pero de golpe mi tío insistió en llevarme y puedo ir cielo, así que nos podemos ver. -Dijo muy ilusionada Shara.
-¡Bien!.- -Respondió sin ocultar la emoción Daniel.
-¿Nos vemos en el parque que hay cerca de la estación?. Así vamos juntos al lugar y no te me pierdes cielo. -Propuso con una voz dulce Shara.
-Pues claro cariño. -Le respondió con una tonta sonrisa en la boca.
-Vale cielo, pues a las cinco en el parque de la estación, que es pequeño y me llegas sin perderte. Hay te espero, ¿va?. -Dijo Shara.
-Vale cariño, no llegaré tarde. -Dijo ilusionado Dani.
-Vale bobito, cuelgo ya que si no se queja luego mi madre de las llamadas, lo siento. -Dijo con algo de pena.
-No pasa nada tontita, nos vemos en un ratito, ¿va?. Sonríe anda, que con una sonrisa en la boca estas más linda. -Susurró Daniel.
-Tonto, ya me has puesto idiota... va, nos vemos a las cinco ee, te quiero. -Dijo Shara.
-Y yo a ti boba. -Le respondió Dani y luego esperó a que colgara con cara de tonto.

Cuando colgó volvió a la cocina y encontró a Camile con el plato casi vacío, como esperándole para acabárselo.
-Lo siento, era importante. -Dijo sin más Daniel mientras se sentaba de nuevo.
-No pasa nada, esperaba y ya esta. -Sonríe Camile.
Daniel se mordió el labio moviendo levemente la cabeza en señal de negación mientras volvía de nuevo a comer, mientras Camile comía algo más despacio, medio mirándolo de vez en cuando.
Estuvieron un rato así, hasta que ambos acabaron y Daniel cogía una pieza de fruta, una manzana, y comenzaba a morderla tras lavarla antes un poco. Camile simplemente le observaba hasta que volvió a preguntar.
-Oye, ¿seguro que no quieres venirte conmigo y unos amigos y amigas esta tarde?. -Dijo con algo de esperanza en que dijera que sí.
-Si quieres puede que otro día... -Susurró Daniel.- Es que esta tarde he quedado ya... Por eso era importante la llamada.- Dijo esto ultimo con una alegría por dentro que no podía ni explicar.
-Vaya... Vale... Te tomo la palabra. -Dijo Camile algo desilusionada. Hubo un incomodo silencio y de golpe soltó.- Bueno voy a arreglarme... que en un rato me voy, cuídate, si necesitas algo estoy en mi habitación, ¿vale?.
-De acuerdo, pásalo bien esta tarde anda. -Sonrió Daniel.
Camile simplemente sonrió asistiendo y se fue a la ducha. Mientras Daniel se puso a remover la pasta y a servirla en sus platos para que no quedase pastosa y pegada.
Jaime estaba ya de regreso y en cuanto Daniel se dispuso a salir de la cocina para ir a la habitación entró Jaime con un macuto deportivo, por lo visto de su hijo. Lo dejó caer al lado de la puerta y resoplando se acercó a la cocina, y al ver a Daniel se acordó de la comida y que había tenido al chico sin nada que tomar ni le explicó nada.
-Daniel, hijo, lo siento, ¿tienes hambre?. Es que se me pasó... -Susurró Jaime.
-Tranquilo señor, comí hace un rato, y su hija Camile también, que llego hace una hora o así. Hice la comida y les dejé un plato a usted, su mujer y su hijo, espero que no moleste... -Susurró Dani.
-No, no, tranquilo, me has salvado de una bronca con mi mujer por no tener la comida preparada al haberla preparado tu. -Dijo soltando una risa.- Mi hijo esta con mi mujer subiendo unas bolsas que han traído. Luego cuando todos coman te presentaré al resto de familia que no conociste. ¿Tienes algún plan hoy?.
-La verdad es que... Me llamó mi novia, y bueno... me preguntaba si me podría dejar salir un rato esta tarde con ella y de paso veo un poco la ciudad.- Dijo con timidez Daniel.
-Claro, no te preocupes, mientras no estés en horario de trabajo y sea un día libre o sea tu tiempo libre puedes salir siempre que cumplas las normas de esta casa respecto a horarios y comportamiento. -Respondió con seriedad y cierta bondad de padre Jaime.
-Gra... Gracias. -Dijo con una gran sonrisa mientras se retiraba a su habitación.

Mientras tanto Emma y Bratt habían acabado de comer y estaban ambos en la habitación de Emma. La madre de esta se había ido a descansar un poco y a hacer su “siesta veraniega” como la llamaba ella, por lo que a lo tonto estaban solos por así decirlo.
-Bueno, ¿esta tarde que vamos a hacer por hay?. -Dijo Bratt interesado.
-Pues... No sé, lo de siempre. -Dijo Emma medio suspirando dejándose caer en su cama medio recostada.
Bratt se fijó en ella un poco, bueno, un poco bastante algo sonrojado.- Bueno al menos estaré contigo... -Susurró Bratt.
Emma enrojeció de golpe con una leve sonrisa y se sentó de nuevo en le borde de la cama sin saber que decir.
-Que mona estas cuando te sonrojas. -Dijo Bratt sacandole la lengua.
-Idiota... -Respondió Emma aun más roja dándole levemente un manotazo en el brazo.- Idiota pero bonito... -Susurró al final.
-Boba... -Dijo Bratt rojo.
Emma se le acercó y beso su mejilla muy lentamente y luego se sentó de nuevo bastante alegre moviendo los pies en el aire, y cuando Bratt se iba a lanzar a devolverle en el beso y decirle lo que sentía sonó el móvil de Emma. Era un mensaje, pero aun así sonó.
Cogió el móvil y miró el mensaje, era de Shara, y mientras leía el mensaje le llegó otro, por lo visto de Camile.
-Madre mía como están las dos... -Suspiró Emma mientras releía ambos mensajes.

¿Qué estaría pasando?. ¿Qué decían esos mensajes?. La tarde se acercaba rápidamente y lo que nadé se esperaba menos posiblemente nosotros sucedería. ¿Pero que exactamente?.

Pronto muchas cosas se revelarían a todos.

Disculpas.

Para empezar, perdón. Perdón por la ausencia. Tuve miles de problemas que me impidieron publicar entre otras cosas, aunque se que casi nadie leerá ya este blog, pero bueno, por los que si lo hacen. Os comunico que en breve lanzaré el décimo quinto capitulo, espero que les guste y espero que sigan leyéndome. Un saludo a todos.

22 may. 2013

Capitulo 14. "Cotilleos"


Capitulo 14. "Cotilleos"


Camile seguía rebuscando por su móvil, hasta que dio con el numero de Emma, aunque prefería llamar a Shara, pero al saber que estaba en casa de sus tíos no creía que le fuera a coger la llamada. Llamó a Emma, sonriente, y esta al poco le contestó.
-Hola Cami, ¿qué pasa?. ¿Es que me pillas algo ocupadilla... ?. -Dijo entre leves risillas mientras intentaba no reír mucho.
-Es que me acaba de pasar algo un poco raro. -Dijo soltando una sonrisa tonta.
-¿Algo raro?, ¿pero estas bien?... Ais, jo bobo estate quieto, déjate las cosquillas. -Soltó Emma de golpe entre risas.
-¿Bobo?. Ui ui Emma, ¿quién es el afortunado?. -Dijo burlona Camile.
-¿No ibas a contarme algo Cami?. Pues cuenta que ya te contaré, pero no creo que sea afortunado el bobito este. -Respondió de golpe Emma.
-Pues... Que he llegado a casa, me metí en la habitación y bueno, salí a poner el aire acondicionado para estar más fresca antes de pensar en cambiarme para ir más aireada en casa antes de salir, y nada, va, se abre la puerta del cuarto de baño y me sale un pedazo de tío que... uuuuf, tiene alguna que otra marca, pero joder como esta el cabrón... -Dijo mientras se mordía el labio.
-Ui ui, me da de una que se acaba de pillar de alguien, y encima lo tiene algo a mano eee. - Le dijo Emma con algo de guasa.
-No digas tonterías Emm, sabes que no, reconozco que esta muy bueno y esta para un... bueno ya sabes, pero no se, no me veo saliendo con nadie todavía. - Respondió Camile.
-Ya lo se Cami, pero vamos que lo tienes al lado y te ha puesto como una moto, que me se de una que se lo ha comido con la mirada, ¿no?. -Dijo Emma.
-No te voy a decir que no... No soy santa. -Dijo mientras se reía alegremente.
La puerta del baño se volvió a abrir y Daniel salió disparado hacia la habitación, se encerró y comenzó a vestirse como alma que lleva el diablo.
-Me se de uno que acaba de irse volando a su nuevo cuarto, que da la casualidad que su habitación es la habitación de invitados de chicos que esta delante de la otra habitación libre donde más de una vez habéis dormido tu y las demás. -Dijo con una media sonrisa en la boca.
-Me da de una que ya esta planeándose cosillas por su cabeza... -Dijo de golpe Emma.
-No me hagas pensar... No me hagas pensar que me tientas. -Dijo medio a broma Camile.
Emma se comenzó a reír a carcajadas tras oírla y después suspirando resopló y dijo:
-Bueno cuídate, ¿va?. Y no seas muy picarona que nos conocemos eee, que me voy que me esta llamando mi madre para comer y el bobo este se ha ido ya a poner la mesa mientras hablaba contigo y ya se están confabulando mi madre y él, nos vemos esta tarde, besos. - Y tras esto colgó.
Camile sonrió diciéndose a si misma, “ya, ya, el vamos, el bobo este, si, si, vamos, el nuevo novio”. Se levantó del sofá y se dirigía a la cocina y dentro se encontró con Daniel. Vestía con una camiseta azul de manga bastante larga hasta los nudillos, como era normal en el a pesar de la época del año, unos vaqueros negros y sus zapatillas converses negras desgastadas. Iba algo despeinado, a su manera, como era normal y habitual y estaba bebiendo un vaso de agua con tranquilidad, aunque al ver a Camile entrando se sonrojo cerrando los ojos, pero por la vergüenza pasada hace unos minutos la cual no podía aguantar aun, quería salir de esa cocina de inmediato.
-Hola, antes no nos hemos podido presentar bien... -Dijo Camile hábilmente al ver que parecía que quería salir de hay.- Me llamo Camile. -Tras esto se acerco pero al ver que Daniel no decía nada en vez de darle dos besos le tendió al mano.
-Hola... Me llamo Daniel... Perdón por lo de antes, no sabía que había alguien en casa... Soy el chico que viene a vivir una temporada. -Dijo con el corazón en un puño y un nudo en la garganta mientras estrechaba su mano.
-Tranquilo, no importa. Oye, mi hermano va a llegar en nada con mi padre, y como que no es muy agradable, menos cuando hablo de quedar con una amiga mía... -Comenzó a decir de improvisto Camile.- ¿Te vendrías conmigo y unos amigos estar tarde?. Así te puedo ir presentando gente y tal...
-Yo... No creo que sea buena idea, además, no se cuando empiezo a trabajar con tu padre... Además... No se, esta tarde iba a ver si podía salir con a dar una vuelta con otra persona, lo siento.- Dijo Daniel tranquilamente.
-Aa... Esto, lo siento. -Dijo Camile algo avergonzada, no se esperaba tan de golpe una negativa, era como si le acabase de caer un vaso de agua helada encima tras tanto calor.
-De verdad, lo siento, pero hoy no... Puede que otro día si, me sería de ayuda conocer gente en la ciudad. -Dijo Dani con una media sonrisa.
-De acuerdo, no pasa nada, lo entiendo. -Respondió Camile con algo más de esperanza tras esa ultima frase.
-Esto... Gracias. De todos modos nos vamos a ver más, ¿no?. Ahora vivimos en la misma casa, al menos por un tiempo. -Dijo Dani sonriente, como queriendo que la chica no se disgustase.
-Sí, y la verdad es que me alegra, eres muy majo y sincero. -Respondio Camile con una gran sonrisa.
-Bueno... Esto, gracias. -Tras esto Daniel dejó el vaso a medio beber en al mesa de la cocina y pasando al lado de Camile, salió por la puerta y se fue al comedor rebuscando en su bolsillo el móvil para llamar a Shara.


Emma estaba sentada al lado de Bratt y frente a ellos estaba la madre de Emma. La verdad es que era una mujer alta y delgada, con al cara muy fina y una nariz algo pequeña, pero tenía los mismos ojos que Emma, los cuales heredó de su madre, y los mismos labios. Sus cabellos eran rubios como el sol y tenía normalmente una gran sonrisa, amplia, con al que mostraba sus dientes blancos como el mármol limpio. No tenia ojeras o rastros de vejez para la edad y era bastante activa, a veces se decía que más que los jóvenes de hoy, aunque siendo francos y muy a mi pesar, la mayoría de la juventud, y con ello no me refiero a toda, es muy pasiva y se mueve solo por conveniencia o para lo que quiere; normalmente para cosas que les vienen bien o para salir de fiestas.
Bratt estaba algo nervioso, el hecho de comer junto a la chica que le gustaba y encima con su madre delante no le daban precisamente mucho tiempo para relajarse, estaba algo tenso, hasta que de golpe, Emma, tras empezar a comer lentamente y ver que Bratt estaba algo intranquilo y sin apenas comer soltó: “anda bobo, come que no quiero que te me quedes seco, que si no, no puedo presumir de ti.” Esto provocó que un gran sonrojo apareciese por toda su cara, notando un gran calor en sus mejillas mientras que la miraba con una sonrisa tonta en sus labios pensando en aquellas palabras. De golpe, Alison, la madre de Emma no pudo evitar sonreír llena de alegría y a la vez riendo en su interior. Se le veía el plumero totalmente a su hija por poco que lo notase Bratt, y encima, ya conocía el muchacho desde que era pequeño y sabía que era de su vida por lo que hablaba con su madre y de las veces que lo había visto, y encima veía como su hija volvía a sonreír. La verdad es que Emma desde que comenzó a intentar olvidar a Aiden y a juntarse más con Bratt, se le veía más alegre y el color había vuelto a su rostro como si la primavera hubiese llegado a su vida dejando atrás un largo y frio invierno. Eso la alegraba bastante, por eso cada vez que Bratt se pasaba por su casa y lo veía insistía en invitarle a comer, cenar o pasar la tarde, y ya que era verano no iba a dejar escapar las muchas ocasiones que se lo podrían presentar.
Emma siguió comiendo con una gran sonrisa. La verdad es que Bratt la hacia sentir muy bien, la hacia sonreír, la volvía a hacer soñar, y algo estaba empezando a crecer en su interior, pero el recuerdo de Aiden y las secuelas que había dejado este durante todo aquel tiempo que estuvo con él, tras sus maltratos y sus insultos, habían dejado mucha huella y aun así aparte de eso, no lo había olvidado del todo. Era muy poco tiempo el que había pasado como para que pensase en salir con nadie por mucho que sintiese, pero nunca descartaba al posibilidad de dejarse enamorar de nuevo, si es que eso era posible.


Shara estaba en casa de sus tíos con su madre y su hermana mayor Emily. Solían ir mucho en verano, lo única pega que ponía Shara es que casi nunca podía irse de hay hasta que no llegaba la noche y su madre decía de irse a casa; aunque de vez en cuando le gustaba estar en aquella casa de campo, porque podía perderse por un pequeño bosquecillo que había cerca e ir a un lugar que tenía por nombre “El Claro de la Alegría”, o así lo llamaba Shara, ya que cada vez que algo la agobiaba o la mantenía triste se quedaba en el cada vez que podía ir, y la verdad es que la tranquilizaba y alejaba de la realidad durante un largo tiempo.
Emily estaba recogiendo platos mientras Shara se encargaba de comenzar a fregarlos a mano y su madre estaba con sus tíos en el comedor, hablando y pasando el rato. La verdad es que Shara no lo estaba pasando mal, ni estaba aburrida, estaba más bien en las nubes pensando en Daniel y algo preocupada por el, preguntándose como le estaría yendo el día, y justo cuando estaba ya acabando de fregar y aclarar los platos y cubiertos de la comida su móvil comenzó a vibrar en su bolsillo. Casi nunca lo cogía, pero teniendo en cuenta que Dani seguramente hoy le llamaría no quería dar la llamada por perdida si era de él, por lo que secó sus manos con rapidez usando el trapo que tenía a mano al lado y sacó el móvil para coger la llamada antes de que dejase de vibrar.
-¿Si?. ¿Quién es?. - Dijo Shara al responder a la llamada.
-Hola pelirrojilla, ¿cómo estas?. -respondió de golpe la voz de Daniel.
-Hola cielo, pues estoy bien, en casa de mis tíos. ¿Y tu?. -Dijo Shara dulcemente con un leve sonrojo en las mejillas.
-Pues pensando en ti y conociendo a la gente con la que voy a vivir. Por lo visto vivo en el mismo centro de la ciudad y la hija del hombre que me ha acogido se ha empeñado en que saliera con ella a ver a sus amigos así sin más... Ha sido raro... -Le dijo Daniel.
-Anda... ¿Y que le has respondido?. -Soltó Shara mordiéndose el labio inferior nerviosa.
-Pues que no boba, si quería decirte a ti de salir un ratito si podías. -Respondió Dani.
-Aaaa... Pues... Claro que sí, solo falta que mi madre me deje, pero claro, podemos ir si quieres con unos amigos míos que quedado esta tarde. Irá Emma que ya la conoces. -Dijo algo avergonzada al haber preguntado lo anterior de golpe sin pensar.
-Lo que quieras cariño. -Respondió Dani.
-Espera un poquito, ¿va?. Bueno no, mejor te llamo ahora y te digo. -Dijo Shara pensando que decirle a su madre.
-Vale pequeña, no pasa nada. Un beso, te quiero. Y espero esa llamada eee. -Respondió Daniel dulcemente con una sonrisa en la boca.
-Igualmente enano. Si, tranquilo que te llamo esta vez yo bobo. -Dijo risueña Shara.
-Va, hasta ahora cariño. - Dijo Daniel.
Tras esto Shara, bastante sonrojada se dirigió al salón, pensando que decirle a su madre para convencerla, puesto que no muchas veces aceptaba dejarla ir cuando estaban de visita, más que nada porque le tocaba a ella usar el coche para llevarla y para una vez que va a ver a su hermano no quería tener que esta de “viajecitos” como muchas veces les replicaba a alguna de las dos cuando le insistían.
Su madre era una mujer de estatura media, delgada y de unos cuarenta y siete años. Con un cabello rojizo algo oscuro, aunque no muy vivo, ya que era más bien una mezcla entre un rojo oscuro y un castaño pálido y claro. Tenía unos grandes ojos de color verde, intensos y penetrantes, con unas leves bolsas del poco descanso y el paso de los años. Aparentaba tener muchos menos años de los que tenía al igual que la madre de Emma.
Sus tíos algo diferentes. Su tío, que era el hermano de Jane, que así es como se llamaba la madre de Shara, era alto y a pesar de su envergadura era bastante corpulento. Con un color de piel algo pálido y unos cabellos cortos y repeinados con una raya en el lado derecho, y al contrario que su hermana con un color rojizo anaranjado bastante intenso, que contrastaban con unos pálidos ojos azules. El paso de la edad había hecho, junto al cansancio de su trabajo, bastante mella en él. Tenía unas cuantas arrugas en la frente y una ojeras visibles aunque algo disimuladas y era algo mayor que Jane, ya que a la semana siguiente cumpliría los cincuenta y dos.
Su mujer era de una estatura media, aunque algo baja, y era algo rechoncha. Tenía unos ojos algo pequeños de un color castaño, al igual que sus cabellos, cortados a media melena por los hombros y de un color castaño oscuro. Su rasgo más característico era una pequeña mancha rojiza en la mejilla izquierda, cercana al ojo. Unas pequeñas ojeras mal disimuladas se podían apreciar y tenía una voz algo ronca, y su edad era casi al misma que su marido, ya que tenía cincuenta años.


-Mama... Podría salir esta tarde un rato, ¿por favor?. -Le preguntó Shara a Jane al entrar al salón algo sonrojada.
-¿Ya estamos?. - Dijo Jane al oír la pregunta de su hija mientras la miraba a los ojos con algo de mal humor.
-Es que viene una persona que no se cuando volveré a ver... ¿Puedo, por favor?. -Le insistió su hija de nuevo.
-Ya sabes que pienso de los viajecitos cuando venimos a esta casa Shara... - le respondió Jane a su hija.
-Es que yo...
-Ya te llevaré yo, pero dame media hora. -Le interrumpió de golpe su tío a Shara.- Pero luego no te recojo y tu madre tampoco seguramente, así que búscate como volver a tu casa. Quien algo quiere, algo le cuesta. -Le sonríe tras decir esto último.
-Esto... Gracias tío. -Shara le sonrío y le dio un beso en al mejilla, saliendo luego del comedor, donde su madre empezó a preguntar a su hermano porqué el empeño de llevarla, ya que era la primera vez que decía el de llevar a una de sus hijas para que salgan cuando están en su casa.


Shara estaba emocionada, al fin vería de nuevo a Daniel, ya podría estar con él otra tarde más, y el solo pensarlo le hacía muy feliz y la llenaba por dentro.
Pero aquella tarde iba a ser una tarde intensa de cosas por descubrir, de secretos a la luz y de impresiones que conmocionarán a muchos, será una tarde de historias que contar.

18 abr. 2013

Capitulo 13. "La nueva casa"


Capitulo 13. “La nueva casa”


La luz del sol se filtraba por las finas y delgadas cortinillas de las ventanas del autobús. Los asientos no eran muy cómodos, ni si quiera era buenos para mantenerse sentado en ellos un rato a penas, no sin acabar desesperado para encontrar una buena postura.
Daniel yacía dormido aun en uno de aquellos asientos, para ser exacto en la penúltima fila de asientos, a la derecha, con asiento de ventana. La luz tenue que se filtraba por la cortinilla extendida sobre la ventana, no le molestaba, ya se había acostumbrado a dormir con la luz del sol dándole de lleno en la cara en las mañanas en las que, tras aparecer el alba en el horizonte de los tejados de las casitas del pueblo, Carlos, tras sus rutinarias e inaguantables palizas, se retiraba a dormir y descansar para variar un poco.
Apenas había pasado una buena noche tras la huida planeada con su abuelo de casa, y le atormentaba la idea de que Carlos pudiera torturar a sus abuelos, o llegar a hacerles daño por no haberse quedado a soportar sus típicas palizas cada vez que iba de visita. A pesar de aquello y de la incomodidad de los asientos de aquel autobús, pudo dormirse.
El bullicio de la gran ciudad ya era parte del ruido del ambiente, y junto a ello venía la necesidad de encender el aire acondicionado del autobús por el calor que comenzaba a generarse por la entrada y salida de personas en las paradas que hacía el bus en plena ciudad antes de llegar a la estación.


Daniel se despertó de golpe por un fuerte pitido de uno de los coches que intentaba adelantar al autobús por ir “muy despacio”, ya que tendían a circular a mayor velocidad de la establecida como es normal.
Se sentó bien sobre su asiento. El bullicio de la calle le era algo extraño, por lo que tras retirarse las pequeñas lagañas de sus ojos como pudo, y de revolotearse algo el pelo, recogió la pequeña cortinilla que le tapaba la vista de las calle. La luz del sol lo deslumbró de golpe, por lo que tubo que entrecerrar los ojos y taparse algo con una de sus manos, pero al acostumbrarse pudo, aunque torpemente, abrir bien los ojos para mirar con detenimiento aquella ciudad.
Todo era multitudes de personas andando de aquí para allá y de allá para acá sin cesar. Colas de coches aparcados a los lados de las aceras, y otros cuantos circulando sin cesar por las carreteras, dando a pensar que nunca llegarían a estar vacías.


El autobús giró metiéndose, por lo visto, por lo que era la gran vía de la ciudad. Todo lleno de tiendas de las que no dejan de salir hombres y mujeres, adolescentes y jóvenes, en pareja, en grupos, de mil formas. Un bullicio bastante intenso era cuanto escuchaba. Gente hablando, andando, corriendo, cogiendo coches o un taxi. Saliendo de edificios o entrando en otros, la verdad es que pensaba que el costaría un tiempo acostumbrarse a todo aquello.
De una de las tiendas pudo distinguir a alguien que le era conocido. Se fijó el instante que el autobús en marcha le concedió y pudo conseguir averiguar de quien se trataba. Era Emma, aquella chica, amiga de Shara que estuvo con ellos en casa, y estaba acompañado de un chico alto y otras tres chicas más, pero ni una de ellas tenía ese color rojizo que tanto le encantaba de Shara, por lo que dio por supuesto que ella no estaría entre ese grupillo y Emma y apartó la mirada para seguir observando aquella gran ciudad.
Todo siguió así hasta que alcanzó a oír a uno de los ocupantes del autobús hablando con su compañero que ya estaban llegando a la estación. Eso en parte le puso nervioso, por otro lado le emocionó, y no sabía como reaccionar, así que esperó paciente mirando por aquella ventana hasta ver que el autobús se paraba en un anden. Se levantó desperezándose tímidamente y estirando un poco las piernas salió de aquel autobús, se dirigió a las cocheras y recogió su maleta con tranquilidad, luego se sentó en uno de los bancos próximos y se quedó observando a al gente que paraba a su alrededor, esperando a que llegara aquel amigo del que le habló su abuelo.


Pasó el tiempo. El sol estaba casi su cabeza, lo que más o menos le quería indicar que estaría casi sobre al hora del medio día comenzando su tarde en aquella ciudad. ¿Tanto estaba tardando aquel amigo o es que se habían olvidado de él?. La verdad es que no lo sabía. Se levantó de aquel banco y maleta en mano comenzó a caminar por la estación tranquilamente, no tenía mejor que hacer, aunque se moría de ganas de volver a ver o escuchar a Shara, era inevitable para él.
Se metió la mano en el bolsillo, rebuscando en el su móvil, y cuando se disponía a sacarlo lentamente de golpe observó a un hombre acercándose hacia él, como con prisa, por lo que se detuvo y dejo su móvil donde mismo estaba, quedándose como esperando una reacción por parte de dicho hombre, hasta que se paró delante suya y suspirando simplemente resopló, como si acabase de quitarse un gran peso de encima, por lo que supuso que aquel hombre sería el amigo de su abuelo.
Era un hombre de una edad media, para ser exactos tenía 50 años, el pelo algo canoso y con una raya en medio, peinado como en los antiguos años de la clásica España. Sus ojos eran de un tono verde apagado y sus ojeras y patas de gallo podían mostrar que no había tenido una buena vida, o al menos, no últimamente. Tenía un mentón imponente y era algo corpulento a pesar de la edad, con una estatura bastante alta y de un porte serio y respetable. Vestía con un traje de color gris, con una camisa roja que aparentaba ser de alta gama y una vistosa corbata de color plateado que deslumbraba sobre aquel rojo de la camisa y daba un toque aun más elegante a aquel traje grisáceo. La corbata iba algo desahogada, y al verdad es que aunque aquel hombre impusiese, el sudor de su frente, la corbata mal colocada y el traje abierto mostrando parte de la camisa fuera del pantalón no daban una muy buena impresión, y mucho menos con aquel hedor a alcohol con el que venía. El olor que desprendía a tabaco, tanto por el aliento como por su ropa ya le daba algo igual, estaba acostumbrado por aquellos días en los que su abuelo traía a gente a casa y acababan todos fumando con tranquilidad en el salón, pero aquel hedor tan fuerte a alcohol le echaba algo a atrás.
Tras recuperar el aliento, al fin, aquel hombre le dirigió la palabra.
-Tu eres Daniel Castro, el nieto de Antonio Castro, ¿cierto?. -Dijo bastante despistado y observando todo a su al rededor.
-Mmm... Esto... Sí, soy yo. ¿Es usted el amigo del que me habló mi abuelo?. -Preguntó algo dudoso Daniel.
-Sí, lo soy, perdona por la tardanza. Soy Jaime Benítez, puedes llamarme Jaime a secas, no muerdo. -Y soltando una leve risa le tendió su mano para estrechar ambas.
-Es un placer Don Jaime. -Daniel estrechó su mano con la suya notando todo aquel sudor que desprendía.
-No hace falta que me digas don, señor, ni me hables de usted, tu tranquilo, si quieres solo llámame Jaime. ¿Vamos hacía casa?. -Preguntó ya más relajado.
-Cuando quiera, yo le estaba esperando. -Le respondió Daniel con una leve sonrisa esbozada en su boca.


Tras esto ambos salieron, camino de la gran vía de aquella ciudad, y tras atravesar algunas calles que había justo en esta misma gran vía, llegaron hasta a un edificio bastante grande y que por lo que podía ver, no parecía haber sido precisamente barato, menos teniendo en cuenta que estaba a siete minutos de la misma gran vía.
Por el camino aquel hombre simplemente se limitó a decirle por donde ir, y ay en el mismo ascensor comenzó a disculparse por su tardanza. Le explicó que había tenido un problemilla en casa y se le pasó el tiempo bastante rápido y cuando quiso darse cuenta ya era demasiado tarde. A Daniel la verdad es que no parecía importarle, solo quería algo de agua y poder dejar sus cosas, de las que no se había despegado, aunque fuesen en el suelo.
Ascendieron hasta el sexto piso y entraron en el sexto “B”. Aquella casa era bastante bonita, pero al pasar a la cocina, el ver aquellas botellas de alcohol medio vacías o rotas, encontrarse con medio paquete de tabaco casi liquidado en un cenicero y algunas cosas tiradas o destrozadas por el suelo le dieron mucho que pensar sobre los que vician en aquella casa, aunque Daniel prefería no juzgar hasta saber y conocer de verdad a aquellas personas a las que le acogían sin más.
Bebió agua y Jaime se acercó para decirle que el acompañase, lo dirigió hasta el final del único pasillo de aquella casa y le abrió la puerta de la derecha con tranquilidad, dando a ver una habitación limpia y ordenada, con una cama bastante amplia, unas paredes de un azul claro bastante bonito, un escritorio de madera bastante trabajado y antiguo, un armario empotrado en una de las paredes, pintado a semejanza e igualdad al color de la paredes, unas cuantas lejas con unos pocos libros y una bonita mesita de noche cerca de la cama. La verdad es que la habitación estaba muy bien, es más, disponía de un pequeño balcóncito que por lo visto conectaba casi todas las habitaciones de aquella casa, aunque tenían un pequeño muro entre balcón y balcón. Las puertas de cristal de el balcón estaba tapadas con unas finas cortinas azuladas bastante sedosas. Todo aquello al verdad es que le encantó, y la habitación tenia un toque acogedor, por lo que dejó sus cosas sobre la cama y el escritorio con mucho cuidado, aunque lo primero que hizo al hacer esto fue sacarse una pequeña foto que estaba escondida entre las páginas de un libro antiguo, era una fotografía de su madre. Sonrió con una leve lagrima y escondió la foto directamente de nuevo en aquel libro, el cual mezcló entre los de las lejas.


Emma estaba tranquila, andando por al calle junto a Bratt, el cual iba con ella en cierto modo para protegerla de cualquier tontería de Aidan, y en parte porque le gustaba, aunque eso ya saltaba a la vista.
Junto a ellos dos iban Camile, la hermana menor de Aidan, Delia, y Marta, que eran el grupillo de amigas que tenia Emma por la zona sin contar a Shara, la cual no había ido porque le había tocado tener que ir con su madre y su hermana a casa de sus tíos.
La verdad es que ya estaban algo cansadas de ir tienda por tienda y decidieron irse a sus respectivas casas y luego quedar algo más tarde, por el calor. Así que cada uno tomó su camino, todos menos Bratt, el cual no se separó de Emma hasta que llegaron a casa de esta y entraron juntos.
-Emma... Esto, si quieres esta tarde puedo venir antes, por recogerte y tal... -Dijo entrecortado Bratt.
-Bobo... No hace falta, hablé con mi madre y me ah dicho de llevarme ella. -Dijo con una sonrisa en su boca.
Algo sonrojado y cortado asintió. -De acuerdo, pues nada, nos vemos a las seis donde siempre, ¿va?.
-Claro que si bobito, tu tranquilo, que no va a pasarme nada, que las paredes no muerden, a lo mejor mi madre si, pero las paredes no. -Dijo regalando le una amplia sonrisa.
-Vale, cuídate va, luego nos...
De golpe Bratt fue interrumpido por la madre de la misma Emma en la misma puesta de casa y con una agradable sonrisa dijo cortando a ambos. -Anda Bratt, ¿te vas ya?. ¿Por qué no te quedas a comer en casa?. Yo invito, vosotros relajaos, así os llevo a los dos luego.
Bratt no sabía que decir, estaba algo más sonrojado, y mirando a Emma a los ojos como pidiendo permiso, de golpe, esta añadió.
-Anda pasa bobo, quédate por favor. -Dijo muy alegre y con unos ojos rogativos llenos de cariño.
-De acuerdo, me quedo a comer con ustedes, muchas gracias de verdad. -Respondió Bratt.
-No hay de que, anda pasad los dos que me acaparáis la puerta entera. -dijo la madre de Emma.
Ambos rieron sonrojados mirándose a los ojos, la verdad es que ninguno se lo esperaba.


Jaime estaba ordenando como podía la cocina, es más, en cuanto pudo Daniel salió de la habitación para ayudarle también, en parte por ayudar al pobre hombre y en parte por que le daba algo de cosa que todo estuviese tan sucio.
Tras limpiar toda la cocina Daniel estaba un poco manchado, una de las botellas se le volcó sobre la camiseta en un despiste e iba perdido por decirlo de algún modo. La verdad es que Jaime estaba bastante agradecido con al ayuda que le había ofrecido Daniel, uno de sus hijos volvería en un rato a casa y si llega a ver al cocina así seguro que le dedicaría una cara de asco y odio. De nuevo miró el reloj de la cocina, el cual había mirado muy de vez en cuando mientras limpiaban aquel estropicio y al ver la hora se llevó las manos a la cabeza.
-Mierda... Mierda... Mi mujer me mata, y mi hijo más de lo mismo... Oye Daniel, tengo que irme corriendo a por mi hijo mayor, estará esperándome como una media hora o más en casa de sus tíos, que esta con su madre, la que me mata como no lo recoja y lo lleve para casa, que no se fía de él... Bueno, el caso, que si quieres... Bueno, deberías... Esto, que creo que deberías ducharte, por lo de la botella y tal... Es que si llega mi mujer y te pilla así... Bueno que intentes estar presentable, me harías un favor... Si se enteran de lo de la cocina... Bueno que me marcho, el agua siempre esta caliente, por eso no te preocupes, el baño es el de la puerta de en medio del pasillo a al izquierda, adiós. - Dicho esto salió corriendo antes de que Daniel pudiera responder.
-Pues bueno... A ducharse se ha dicho. -Se dijo a si mismo Dani.
Daniel se fue a la que a partir de ahora hasta un tiempo sería su habitación, se cogió algo de ropa interior y desvistiéndose en la habitación casi por completo aprovechando que no había nadie se fue luego a la ducha.


Camile estaba de camino a su casa. Era una muchacha bastante atractiva, de un metro sesenta más o menos, un rostro bastante bonito, un pelo largo y algo rizado de un negro bastante oscuro, unos ojos de color gris claro bastante extraños a la vez que hermosos y unos labios rosados bastante resaltados sobre su piel de un tono carne cálido y por el color de su pelo y ojos. Vestía con unos pantalones cortos vaqueros, unos tacones de ultima moda de tacón ancho, y una camiseta algo ancha y metida bajo el pantalón, enseñando los hombros, que era de color blanca y azul a rayas horizontales.
Iba a un buen paso y en nada estaba subiendo por el ascensor, sacó de su bolso negro y pequeño unas llaves y abrió al puerta con cierta alegría de poder llegar y ponerse el aire acondicionado para quitarse en parte el calor de la calle, aunque tenia pensado darse una buena ducha nada más llegar y relajarse, cerró la puerta y se metió en su cuarto, dejo las cosas y cuando salió de la habitación para ir a la cocina la puerta del baño se abrió y de golpe se encontró con un chico de pelo negro y ojos azules, tapado por una toalla de cintura para abajo, col alguna que otra marca sobre su piel, la cual estaba aun algo mojada y el cual se quedó algo sorprendido, y muy sonrojado volvió a meterse dentro cerrando al puerta. Camile simplemente esbozó una sonrisa tonta, se había quedado a la vez que pillada por que hubiese alguien en casa a quien no conocía, y por otro lado, como ya sabía que venia un chico a vivir con ellos, algo atontada mirándolo de arriba a abajo disimuladamente, se llevó el dedo indice a la boca mientras este se había encerrado y con una leve risita y un leve sonrojo en las mejillas se fue alegré hacia el salón.
Daniel estaba en el baño, rojo y muy avergonzado, intentando calmarse, ya que le vieran así y encima vieran las marcas de su hermano no era algo agradable, mientras que Camile estaba en el salón, encendiendo el aire y con una sonrisa tonta, buscando el numero de una de sus amigas en el móvil, estaba bastante contenta de lo que acababa de ver y no iba a quedarse callada, y menos iba a intentar conocer quien era y saber de él, se podría decir que le acababa de entrar de lleno por los ojos.


Lo peor aun no había llegado, ya que Daniel no sabía que aquella chica era la hermana de Aidan, al cual golpeó con violencia hace muy poco.
Aun debían saberse muchas cosas, nuevas cosas iba apareciendo, nuevos problemas, nuevas oportunidades, mil cosas están aun por pasar con la vida de cada uno, aun queda... historia que contar.



8 abr. 2013

Duodécimo capitulo. "Locura".


Bueno, os debo una gran disculpa por la tardanza. La verdad es que diversos problemas familiares y de diversa índole, aparte de un bloqueo en el que no me salían palabras que escribir es lo que me hizo retrasarme. Espero que os guste, y también espero dar la talla para compensar dicha tardanza con este capitulo. Un saludo.

Capitulo 12."Locura".


Daniel llegó junto a Shara a la puerta que daba al patio de la casa, sinceramente ninguno de los dos querían entrar. Ambos se pararon mirándose a los ojos y sin soltarse de la mano; de golpe la mano de Daniel acaricio levemente la mejilla de Shara y ella esbozó un sonrisa tierna a la vez que sentía como sus mejillas enrojecían, no quería que el tiempo siguiera su paso, quería que se parase y que un segundo fuese una eternidad dulce junto a él. Daniel se acerco de nuevo a sus labios pero esta vez simplemente los rozó, y sin separarse ni un solo milímetro de ellos y con los ojos cerrados susurró unas palabras que a Shara le hicieron llorar de la emoción. Tras esto lo besó como si no hubiese un mañana, como si su vida se fuera a acabar y quisiera aprovechar casa instante de ella junto a Daniel.


Mientras en casa, Carlos estaba en su habitación, llorando, hasta que se levantó con una mirada cargada de odio y furia, se puso de rodillas y metió el brazo bajo la cama sacando un objeto alargado pero oculto por papel de periódico que rodeaba junto a unas cuerdas dicho objeto, lo desenvolvió y su boca esbozó una media sonrisa contemplando lo que tenía entre sus manos e imaginando lo que en unas horas realizaría con el con suma malicia.
Su anciano abuelo entro de golpe y Carlos ocultó de nuevo el objeto con los periódicos como pudo.
-Carlos... ¿Cómo te encuentras?. -Preguntó preocupado Antonio.
El simplemente esbozó una sonrisa amplia y soltó una carcajada, y relamiéndose los dientes mientras ladeaba la cabeza susurró.- Dentro de unas horas seré el hombre más feliz de este mundo abuelo... No te preocupes por nada.
-¿Qué es eso que tienes sobre la cama?. -Preguntó ahora extrañado y con un mal presentimiento aprisionándole el pecho.
-No es nada. -Soltó en un suspiro.- Es solo un trofeo que me traje para decorar la casa, es una sorpresa, mañana por la mañana lo veréis.
El anciano simplemente suspiro con la cabeza gacha. No se fiaba de él, tenía un mal presentimiento, un mal augurio.


Shara y Daniel entraron en casa y nada más cerrar la puerta Emily fulminó con la mirada a su hermana pequeña, no le hizo falta mover los labios para que de golpe Shara con la mirada en el suelo susurrase: “ya voy ha por las cosas en la habitación, no tardo”.
Dicho esto se soltó de la mano de Daniel y se fue directa a la habitación. Emily se acercó a Daniel mientras Bratt, Emma y la anciana María observaban la escena.
Con un dedo acusador señaló al pecho de Dani hasta hincar dicho dedo en el centro del pecho y manteniendo así su dedo dijo en voz alta y con mucha seguridad en aquellas palabras.
-No se que hay entre vosotros pero nada seguro que no. Escúchame y graba a fuego estas palabras en tu cabeza. - Tomó aire y fulminándolo con una mirada como a su hermana dijo despacio para que le quedase claro como el agua.- Como me de cuenta, o me entere, de que le haces el mínimo daño a mi hermana, te juro por el cielo y por mi familia que te busco y te destrozo como a un gusano, que quede bien claro. ¿Estamos?.
-S... Sí. -Dijo algo sorprendido y con los ojos abiertos como platos Daniel.
-Mejor. Luego no digas que no te advertí. -Tras esto retiro su dedo y casi dándole con el pelo al girarse le dio la espalda.
Shara salió de la habitación con sus cosas y miró a todos, pero en quien de verdad se fijó fue en Daniel, que observo bastante pillado y sorprendido.
-Me das un segundo por favor Emily... -Le rogó Shara a su hermana.
-Aaaaaag... Uf... Vale, tienes cinco minutos, ni más ni menos, te espero en el coche, no me hagas salir a por ti... -Respondió Emily.
-Gracias... -Dijo con una leve sonrisa.
Emily se limitó a poner los ojos en blanco y salir de la casa haciendo una seña con la mano a Bratt para que fuera a abrirle el coche.
Shara cogió del brazo a Daniel y tiró de el hasta la habitación en la que estuvo durmiendo estos días, cerró la puerta y arrinconando a Daniel contra la puerta que acababa de cerrar le besó de golpe aferrándose a él. Eso era algo que le daba muchísima vergüenza, pero aunque se muriese de ella quería aprovechar cada instante de esos cinco minutos como si fueran los minutos que le quedaban de vida, y como no sabía como explicarle lo que sentía se decidió por expresarse lo como le salia del alma, dándole un beso cargado de amor.
Daniel cerró con fuera sus ojos y llorando en parte de la alegría y en parte de la tristeza de que se fuera se aferro a ella también pegándola más a él mientras la besaba con todo su amor también.
Tras unos instantes separaron sus labios y Shara susurró: “confió en ti y en lo que dijiste antes, te esperaré”. Dicho esto se separaron y Shara acariciando los labios de Dani salió de la habitación con una leve sonrisa e intentando no llorar fue hasta le coche. Entró en este y sin que nadie dijera nada Bratt arrancó el coche y salieron de aquel lugar. Daniel corrió hasta la puerta y se quedó mirando el coche hasta que este desapareció en la carretera.
-Dani cariño... -Susurró su abuela.- Anda, sonríe, si de verdad os queréis os veréis de nuevo, te lo aseguro.
-Lo se abuela... Lo se. -Respondió tragando saliva.
-Tu abuelo quiere hablar contigo en la cocina, no se para que será, pero me dijo que te avisara.
-De acuerdo, voy a ver, ¿va?. Y descansa anda, el viaje ha sido muy largo. -Dicho esto besó la frente de su abuela y entró en casa dirigiéndose a la cocina. María simplemente sonrió, era la primera vez desde hace mucho, que su nieto le daba un beso tras lo ocurrido.


Daniel entró en la cocina. Lo primero que observó fue una cortinilla de humo en esta, por lo visto su abuelo había comenzado a fumar un puro, y eso lo alarmó, porque eso solo lo hacía cuando algo lo tenía muy alterado.
Había una silla cerca de él en la mesa mientras que su abuelo se limitó a hacerle una seña con la mano, y sin vacilar se sentó en la silla y miró a su abuelo con firmeza y templanza esperando a que su abuelo dijera lo que quería decirle, pero no ocurrió nada, no al menos en el acto, porque su abuelo le hizo una seña con la mano para que esperase. Se limitó a fumar su puro lentamente mientras pensaba que palabras decir y como expresar lo que quería decir, pues no era fácil lo que quería decir.
Daniel esperaba algo nervioso observando a su abuelo, la verdad es que no sabía que podría pasar para que su abuelo llegara al extremo de ponerse a fumar, así que eso le preocupaba bastante, lo que no sabía es que lo que menos esperaba que ocurriese fuera a ocurrir ahora.
Su abuelo tomo aire apagando el puro y sin más y sin mirar a su nieto a los ojos secamente empezó a hablar.
-Desvisteté de cintura para arriba ahora mismo y no rechistes ni te niegues o me obligaras a hacerlo yo con mis propias manos.
-Abu... Abuelo... ¿Qué pasa?. -Dijo asustado Daniel.
-Te he dicho que te desvistas de cintura para arriba... -Dijo lentamente cada palabra como intentando calmarse.
-Va... Vale... ¿Pero por qué? - Susurró nervioso.
-¿Te quieres desvestir de una maldita vez?. -gritó alterado Antonio.
Daniel asustado se desvistió sin decir nada más dejando a la vista las marcas y moratones que le propinaban Carlos cada día que estaba en la casa cuando todos dormían.
Antonio cerró los ojos, se sentía entre disgustado y a la vez furioso, no sabía que hacer o que decir al descubrir que ocurría. Más de una vez lo había sospechado, pero el comportamiento de Carlos de hoy y lo que acababa de ver daban respuesta a todo lo que en un día sospechó y a la vez quería olvidar para pensar que en realidad se equivocaba. Tras un momento de meditación lo único que quería es que Daniel no sufriese ningún daño, y su intuición de que ocurriría algo malo si se quedaba esta noche le hacía llegar a pensar que aquella noche ocurriría una locura.
-Daniel, escucha detenidamente lo que te voy a decir ahora, y tendrás que obedecer sin objetar lo que voy a decir, porque tienes que hacerlo por tu propio bien... ¿Lo entiendes?. -Dijo seriamente Antonio
Daniel solo asintió con mucho miedo, no sabía que hacer, decir o como explicarse.
Ambos salieron de la cocina en un rato, María se quedó extrañada al ver a ambos tan callados, y al rato bajó Carlos con una sonrisa demasiado amplia y misteriosa. Cada vez que se le preguntaba respondía lo mismo: “mañana lo sabréis”. Daniel como siempre hizo la cena y se retiró sin tomar bocado y los ancianos cenaron junto a Carlos, el cual parecía estar de muy buen humor. Cayó la noche y todos se fueron a sus habitaciones y cuando dieron las doce de la noche Carlos salió de su habitación en silencio con una bate de baseball en la mano, apoyado en su hombro, con una sonrisa horrible en su boca. Se deslizó hasta la puerta de la habitación de Daniel, abrió la puerta con sumo cuidado y entrando cerró la puerta con delicadeza, realizando así el mínimo ruido.
Paso a paso se iba a acercando a Daniel mientras iba desplazando el bate de su hombro hasta dejarlo sujeto y suspendiendo ha pocos centímetros del suelo con su brazo. Miró un instante a su hermano, como quien contempla a una presa antes de matarla o darle caza y sin decir nada empuñó el bate contra el cuerpo de Daniel con mucha violencia dos veces, una en la cabeza y otra en el costado pero algo no parecía ir bien, no se escuchó ningún lamento ni grito, ni la mínima queja, por lo que supuso que lo mató en el acto, pero tras el segundo golpe observo que el bate se hundió demasiado, como si hubiese golpeado directamente al colchón. Al ver aquello su sonrisa diabólica desapareció de su boca y dejó caer el bate al suelo, provocando un ruido fuerte y seco que se escuchó en toda la casa y tras esto retiró las sabanas del colchón y descubrió que ocurría.
Bajo aquellas sabanas lo único que vio fue lo que menos esperaba encontrase. No vio el cuerpo sin vida de su hermano, si no un puñado de cojines, mantas hechas una bola y ropa repartida por toda la cama para hacerle creer que estaba durmiendo. Miró con furia la habitación y se dirigió al armario abriéndolo de par en par, hallando este medio vacío.
En ese momento sus ojos estaba cargados de odio y su cuerpo ardía de ira, corrió hasta la ventana observando como desde ella descendía una escalera y al asimilar todo salió de la habitación recogiendo el bate y bajando corriendo hasta la puerta de la calle, la abrió y buscó a Daniel con la mirada, pero por lo visto no estaba y salió corriendo a la desesperada a la calle, bate en mano y en pijama, era tal su furia que hasta que no estuvo buscándolo durante media hora no decidió volver a casa, su “presa” había escapado, pero... ¿Cómo y cuándo?. No se lo podía explicar.


Daniel mientras tanto estaba en un bus, de camino a la ciudad. Había escapado de casa mientras cenaban los demás, era lo que habían acordado Antonio y él en la cocina. Daniel se iría con una cantidad de dinero ha la ciudad y desaparecería del pueblo. Su abuelo le pasaría dinero de vez en cuando mientras le fuese posible y el se iría a casa de unos amigos de Antonio, pero debería trabajar para el amigo de su abuelo mientras tanto, hasta que pudiera vivir por su propia cuenta o encontrase otro trabajo.
Por un lado Daniel temía que Carlos descubriese que su abuelo fue quien andaba de tras de todo y le pudiera hacer daño, pero por otro lado... Era o huir o sufrir más palizas, o como hubiese pasado si llega a estar aquella noche en casa, morir.
No había tiempo para mirar atrás, no había tiempo para pensar, no había tiempo para hacer otra cosa que huir de aquella pesadilla, ya habría tiempo para pensar otra cosa.
Miró el reloj del móvil y sin pensarlo dos veces buscó en su agenda el numero de Shara y la llamó.
-Shara... -Susurró con cariño al oír que cogía el móvil a pesar de la hora.
-Bobo... ¡que casi me matan mis padres!. -Exclamó en voz baja.
-Lo siento, lo siento... -Susurró medio sonrojado.
-Aiss. No importa... ¿Cómo estas?, ¿ha pasado algo?. -Le respondió Shara al mirar la hora extrañada en su despertador.
-La verdad es que si... Estoy en... Estoy en un autobús de camino a la ciudad, mi abuelo sabe lo de Carlos y me ha mandado a vivir a casa de un amigo suyo de momento... -Dijo en un hilo de voz.
-¡¿Qué?!. -Shara no cabía en su asombro. Por un lado saber que iba a estar en la ciudad le encantaba, lo iba a tener cerca, pero por otro lado estaba muy preocupada.
-Pues lo que escuchaste cariño. -Susurró Daniel.
-Esto... No se que decir... -Respondió Shara
-No pasa nada, no importa. Deberíamos colgar, es muy tarde y tendrías que dormir mi vida. -Susurró con cariño Daniel.
-Un poquito más, por fis cielo. -Dijo con una voz infantil y de niña pequeña Shara.
-Mmmmmmm... Vaaaaale, de acuerdo, pero la próxima llamas tu que me voy a quedar sin saldo. -Dijo Dani avergonzado.


Carlos estaba entrando por la puerta de la calle y cerrando esta tras de si a la vez que cerraba bien con llave. Estaba abatido, su plan había fracasado y para colmo suyo no sabía a donde había escapado aquella “rata”, que era como el lo llamaba a menudo. Entró al salón a oscuras, observando con detenimiento la chimenea apagada en la que brillaban los barrotes de hierro que servían para remover la madera y las cenizas.
La luna inundaba de luz la mitad del salón, pero Carlos se acercó hasta la única ventana que no tenia la cortina corrida y la deslizó suavemente, dejando caer a su ver el bate que aun mantenía aferrado en su otra mano. Aun no entendía nada. No entendía como se había dado cuenta de que lo iba a matar aquella noche, aunque también pensaba que podía haber tenido suerte al fugarse hoy sin saber que ocurriría. Pero, ¿por qué?, ¿por qué iba a huir?. Nunca se había separado de aquellos dos ancianos y no lo veía capaz de aquello, no podía ser, no era posible.
O a lo mejor si, a lo mejor eso les demostraría a sus abuelos que el tenía razón y su hermano siempre fue un maldito demonio que va arruinando la vida de la gente con quien se junta. Sería su oportunidad, aprovechando el disgusto que se darían ambos al descubrir lo ocurrido, de hacerles ver que el siempre hizo bien en no desearle bien a su hermano.
Resoplando dejó caer su cuerpo sobre el sofá que tenía más cercano y miró al techo pensativo, tenía demasiado en que pensar y muchas preguntas sin respuestas en su mente, aunque su paz no duro mucho rato. La luz se encendió de improvisto y sobresaltado pegó un brinco y se quedó fijamente mirando a la puerta.
-¿Me puedes decir que haces a estas horas en el salón Carlos?. -Dijo de golpe la voz de su abuela.
Carlos suspiró aliviado y dejándose de nuevo caer sobre el sofá respondió. -Nada, simplemente me desvelé y me bajé abajo.
-Deberías subir y dormir Carlos, ya es muy tarde, nada, si no me haces caso por vieja hazlo por que soy tu abuela. -Le replicó María.
-Bueno, de acuerdo, pero que conste que no eres vieja eee. No digas tonterías abu. -Le guiñó un ojo y acariciándole el hombro se fue a su habitación dejando el bate atrás, no podía arriesgar a cogerlo.


De momento todo le era extraño, pero no solo para él, sino también para Daniel, el cual no entendía porque su hermano lo odiaba tanto, no entendía porque tenía abandonar a la poca familia que le quedaba en esta vida, no entendía casi nada.
¿Y qué era de Emma y su problema con Aiden?. Lo que si sabían todos es que el destino estaba siendo modificado por cada uno y que sus vidas estaban dando un giro, para bien o para mal, todo estaba por verse.



13 mar. 2013

Undécimo capitulo. "Recuerdos."


Capitulo 11. "Recuerdos"

Emily miró a su alrededor sin encontrar a Shara, cosa que le extraño mucho y sin más dilación, preguntó sin rodeos a Emma, la cual se puso algo nerviosa.
-¿Dónde esta mi hermana Emma?. ¿No estabas con ella?. -Le miró a los ojos directamente.
-Esto... Sí, estaba con ella, pero se fue con Daniel a la cocina y después por lo visto ya no estaban. - Respondió mordiéndose el labio nerviosa.
-Bueno no importa, la pobre no sabe dónde esta, ¿no lo ves Emily?. Bastante ha pasado ya... -Le medio defendió Bratt.
-Ya, ya lo veo, pero se supone que vino a estar con ella y sabían que veníamos para irnos enseguida que el viaje no es corto... -Susurró Emily intentando relajarse.
-Perdón... -Dijo Emma con los ojos llorosos.
-Buenas tardes abuelos, y buenas tardes a... Todos vuestros invitados. Hacía mucho que no había tanta gente por esta casa. -Dijo en un tono melancólico Carlos entrando en el comedor con los dos vasos de agua.
-Sí, desde que...
-¡No lo digas!.- Interrumpió Carlos al anciano muy alterado y a la vez con una cara de máxima desesperación que se podía observar con claridad, hasta uno de los dos vasos se le cayeron al suelo.
-Tranquilízate Carlos... -Susurró al anciana.
Carlos tragó saliva con fuerza y dejando el otro vaso en la mesa del comedor se fue negando desesperado con las manos en al cabeza.
Emily lo miró muy extrañada, suspiro como si a un loco acabará de ver y rodando los ojos hasta Bratt susurró inpasiva y los ojos entornados. -Tenemos que encontrar a Shara nosotros mismo si en una media hora no ha vuelto, no quiero que nos regañen en casa por su irresponsabilidad.
Bratt simplemente afirmo algo preocupado por aquel chico y Emma seguía nerviosa, aun más después de lo que acababa de ver que le ocurrió a Carlos. Había intuido de lo que dijo Daniel que Carlos era aquel al que temía, pero después de estar casi toda al mañana hablando con él y de ver lo que acababa de ver le daba lástima, incluso se preocupó por él.
Emily se sentó en el sofá junto a los dos ancianos que parecían preocupados por su nieto, e intentó calmarlos y hablar con ellos y Bratt quiso hablar con Emma, pero esta se fue a buscar a Carlos, por lo que tragó saliva, se quedó cabizbajo y suspirando salió al patio un rato.
-¿Qué le pasó a aquel muchacho?. -Preguntó Emily al ver a los dos ancianos tan preocupados.
-Pues recuerdos, cosas del pasado que no quiere recordar, siempre que lo hace se altera mucho y deja de ser el mismo, sobretodo le ocurre al ver a su hermano.- Dijo el anciano suspirando mientras su mujer cerraba los ojos apenada.


Emma a su vez estaba subiendo las escaleras, y llegó hasta una habitación que tenía al puerta abierta a la cual no había entrado antes. Dentro estaba Carlos, llorando y tragando saliva con un marco de fotos abrazado. Emma se acercó despacio y susurrando que si se podía se sentó a su lado en al cama.
Carlos la miró con los ojos enrojecidos y la cara empapada de lagrimas como el que más y susurrando avergonzado de que le viera así dijo. -¿Por qué has venido...?
-Vine por si quieres hablar o soltar lo que llevas dentro... Y porque me has preocupado... - Respondió sinceramente Emma con una mirada dulce.
-Esto... No se... Nunca conté esto a nadie... So..Solo lo saben mis abuelos, Daniel y gente que ya no esta... -Susurró llorando de nuevo aunque el nombre de Daniel lo mencionó con sumo desprecio e ira.
-Tu me has escuchado a mi cuando te hablé del chico aquel... Y eso que no me conoces... Puedo escucharte si quieres... No pienso decir nada, es algo que se queda entre tu y yo, ¿vale?. -Le susurró Emma sonriendole levemente y mirándole a los ojos.
Carlos simplemente cerró sus ojos y asintió levemente.
-Cuando puedas, no hay prisa... -Susurró Emma.
-Este recuerdo... Esta agonía... ocurrió hace muchos años... Muchísimos años ya... -susurró agónico Carlos.
Emma asintió acariciándole el pelo, y tras eso comenzó a relatar al historia Carlos:
-Hace muchos años, cuando en esta casa vivíamos yo, Daniel y mis padres, todo iba bien, yo tenía solo unos 12 años y estaba jugando con unos amigos en el parque que había antes cerca de aquí. Era ya por la tarde, y al día siguiente sería Lunes por lo que no podía estar mucho tiempo jugando, tendría que volver temprano, así que sobre las 8 me volví a casa andando despacio, ya que me había torcido el tobillo. Daniel estaba en casa con mi madre y mi padre, no había terminado sus deberes para el Lunes y no le habían dejado ni salir un momentito al pequeño jardín.
Cuando ya estaba enfrente de la casa comenzó a chispear y al poco rato a llover con fuerza, no me mojé mucho de milagro, y cuando entre a casa me cambié y me senté junto a al chimenea. Daniel hacia los ejercicios en el mismo salón, en al mesa mientras mi madre preparaba nuestra cena favorita, espaguetis. Mientras mi padre estaba fuera, arreglando unas tejas rotas que provocaban una gotera en la alacena que tenemos en la casa.
El caso es que mi madre estaba enferma del corazón, y nunca podíamos portarnos demasiado mal ni darle disgustos fuertes, porque una noticia muy mala o algo que la agobiase demasiado podía propinarle un infarto por un ataque de ansiedad.
Mi padre nos llamó a gritos a Daniel y a mi para que sujetáramos al escalera, puesto que al llover tanto no podía estar más en el techo sin más, no quería acabar accidentándose.
Salimos ambos y yo sujeté la escalera, pero cuando mi padre comenzó a bajar las escaleras y aun estaba bastante alto le dio algo de miedo, puesto que la escalera temblaba un poco, yo no podía sujetar la escalera bien, no tenia al suficiente fuerza. Le grité a Daniel para que viniese rápido, estaba haciendo el tonto dando vueltas bajo al lluvia con las manos entendidas y la mirada al cielo, y cuando me escuchó vino corriendo, pero lo único que hizo... Lo que hizo...
Al venir corriendo se resbaló por lo visto por ir haciendo el tonto y empujó la escalera con el golpe, tras ello... Tras ello mi padre no.. No lo contaba, estaba en el suelo, con al mirada perdida, sin aliento. Fui corriendo tras él y le estuve hablando, gritando, pero no respondía. Su piel se estaba enfriando y su cuerpo estaba rígido en el suelo. Pude ver como le sangraba la nariz y a la vez había un pequeño charco que se agrandaba bajo su cabeza, un charco de sangre...
Daniel estaba con las manos en al boca al levantarse, llorando sin decir nada, y mi madre vino corriendo al oír tremendo golpe. Venía con miedo en el cuerpo, respiraba demasiado rápido, como cuando el da un ataque de ansiedad, y de golpe, al ver mis manos con sangre del charco y al ver a mi padre en el suelo, sin vida, sin moverse, le... Le dio un infartó y cayó al suelo redonda... Fui junto a ella también, pero tampoco respondía, llamé a la ambulancia, a mis abuelos, a todo el que estuviese cerca. Grité, reclamé a los cielos sin cesar de llorar, pero era demasiado tardé, ambos están muertos... Muertos por su culpa... Por la culpa de ese maldito... De ese maldito hijo de puta... - Carlos rompió a llorar de golpe de nuevo sin más, como si no pudiese hacer nada, desconsolado y apretando el marco contra su pecho.
Emma simplemente lo abrazó apenada y con unas pequeñas lagrimas asomar de sus ojos.
Todo cuanto le acababa de decir, lo que tuvo que vivir de pequeño, la culpa que le echaba a Daniel de todo... Era comprensible que le tuviese tanto odio. No aprobaba que le maltrataba como Daniel indicaba que ocurría, pero también entendía el porque de tanto odio, de tanto desprecio.
-Te entiendo... Es normal que estés así... -Susurró Emma.
-No, no lo entiendes y nunca lo entenderás, solo podrás comprender lo... -Dijo de golpe entre sollozos Carlos.
-Cierto... -Susurró Emma cabizbaja.
-No importa... -Le dijo Carlos.- Gracias.
Tras aquellos le miro a Emma a los ojos y esbozando una leve sonrisa algo forzada pero bien disimulada se quedaron ambos un rato hay, hasta que Emma decidió dejarle solo después de habérselo contado todo, para que se calmase mejor o por si quería estar solo.


En la plaza, en aquel banco sentados seguían Shara y Daniel, los dos sin soltarse de la mano y con el corazón acelerado por aquel beso que se acaban de dar. Se pasaron todo el rato mirándose a los ojos, sin saber que decir, sin saber que hacer, simplemente perdiéndose en la mirada del otro cada uno de los dos.
Ambos perdieron la noción del tiempo, hasta que sonaron las campanas del reloj de la plaza. Shara se sobresaltó y miró el móvil. Al ver la hora se levantó de golpe soltando despacio al mano de Daniel preocupada.
-Mierda... ¡Mierda, mierda, mierda!. -Se decía a si misma al pensar en que su hermana estaría ya en casa de los ancianos y en al que le iba a caer.
-¿Estas bien Shara...?.- Susurró Daniel levantándose preocupado.
-Si, si, tranquilo, es solo que Emily hará llegado ya a casa de tus abuelos y cuando vea que no estoy, cuando llegue me mata... -Se mordió el labio tras decir aquello algo nerviosa.
-Pues volvamos, ¿vale mi vida?.- Susurró Daniel de nuevo cogiéndola de la mano.
Al oír aquel “mi vida” se sonrojó muchísimo y asintió avergonzada, se aferró a su mano y comenzó a andar rápidamente dejándose guiar por Daniel, ya que ella andaba bastante perdida. Mientras tanto Emily miraba el reloj y se empezaba a enfadar con Shara, por lo que decidió llamarla al móvil.
Shara al ver que el móvil sonaba se agobio y se aferró más a la mano de Daniel el cual le acariciaba esta con el pulgar lentamente para intentar calmarla mientras esta se paraba para atender la llamada.

Emma al bajar se topó con Bratt, el cual acababa de volver a entrar del jardín. Al ver la cara de Emma, los dos surcos mal quitados de las lagrimas de antes y la cara de angustia que tenía, la agarró por el brazo con cuidado y la arrastró hasta el fondo del pasillo, antes de llegar a la cocina. Quería hablar con ella, necesitaba hacerlo y ahora que la tenía cerca no podía perder al oportunidad, y menos queriendo preguntarle por como estaba al verla así.
-Emma; esto... ¿Estas bien?. -Preguntó Bratt sirectamente sin darle explicaciones de porqué la había cogido así de improvisto.
-Podría estar mejor... Pero sí. ¿Me puedes explicar por qué acabas de hacer lo que hiciste. Digo yo que deberías.- Dijo algo molesta.
-Sí, necesito hablar contigo y no puedo esperar a que lleguemos a la cuidad, y menos al haber visto así... -Le respondió mirándola a los ojos.
Ella simplemente suspiró, ya no podía ir nada a peor, o eso creía ella.
-Se trata de Aidan... Por lo visto salió ayer del hospital muy cabreado, no tenía buen aspecto y llevaba unos cuantos puntos de sutura en una de las cejas y el labio aun partido, pero mejor no te doy detalles, no es que este muy agraciado ahora...
-No quiero saber nada más de ese gilipollas... -Le cortó de golpe Emma tragando saliva.
-Ya lo se... Pero debes escucharme... Por favor, es muy importante... -Susurró angustiado Bratt.
-Venga... Dime... -Susurró con amargura.
-Pues... Cuando salió del hospital estaba muy cabreado, lo vi el día de antes de venir, porque había quedado con dos o tres de los chicos con los que yo quedé. Se rierón un poco de su aspecto y se puso a maldecir, a mal hablar y a decir que todo era por tu culpa, porque eras... Bueno...
-Una zorra, ¿no?. -Dijo casi con lagrimas en los ojos.
-No eres una zorra... Pero si, lo dijo... Y también que te daría una paliza que te acordaría de quien manda, y que al nenico que le pegó lo mataría a palos la próxima vez... Así como lo escuchas... Quería decírtelo para que sepas que no estas sola, que puedes contar conmigo. Si alguna vez te da miedo salir o estar en casa sola o lo que sea, ¿podrías llamarme si quieres que vaya?. No quiero dejar que te pasé nada... No quiero. -Dijo angustioso Bratt.
-No lo se... No se que hacer... -Susurró con amargura Emma. - Me quiero morir...
Bratt se alteró mucho y el alma se le cayó al suelo al oír aquello, por lo que la abrazó sin más con los ojos llorosos.
-No va a pasar nada... No voy a dejar que te haga nada... -Susurró con al voz temblorosa.
-Siempre consigue lo que quiere...
-Esta vez no... Y no soy el único que esta alerta, se lo conté a mi tío... Y dice que lo tendrá vigilado... -Susurró Bratt.
-Gracias... -Dijo llorando Emma en sus brazos.
Bratt simplemente negó. Emma sabía que el tío de Bratt era policía, por eso le dio las gracias, por eso y por lo que él hacía sin más por ella, pero estaba realmente angustiada, tenía mucho miedo.

Se le acumulaba todo. La historia de Carlos, el tema de Aidan, no podía más.
A su vez Shara estaba agobiada también, aun no sabía lo de Aidan, pero se sentía mal por no poder hacer nada realmente por Daniel y en parte no quería volver por Carlos. Además se le juntaba que Emily en cuanto la viese le diría de todo por no estar, ya la conocía bien, y cuando no cumplía con “lo que tenia que hacer” la acababa criticando hasta el agotamiento de su paciencia, y no quería que Daniel tuviera que ver aquello teniendo ya a Carlos en casa. Se estaban juntando muchos acontecimientos, muchas ilusiones, muchas esperanzas y a la vez muchas agonías y sentimientos para todos. ¿Qué será de Daniel cuando llegue a casa tras lo que acababa de pasar le a Carlos?. ¿Qué sería de Emma?. ¿Qué ocurriría en el futuro y que pasaría antes de que se fuera Shara a la ciudad?. Muchas cosas estaba aun por suceder, esto solo acaba de comenzar.



4 mar. 2013

Lo que siento.


Este sentimiento...
Es tan desagradable.
Tan insoportable.
Es puro sufrimiento...

Llega el fuerte nudo,
que se aferra a la garganta,
y se aferra y ahí aguanta,
a pesar de ser fuerte o rudo.

Tras él llega la agonía.
La agonía de la desesperación,
a la que quieres poner solución,
pero a la que no pones fin en tu día a día.

Junto a esa agonía llega la rabia,
cargada de ira y furia.
Sintiéndote un demonio que mataría,
aunque no fuera una solución sabía.

Y cuando estas en pleno desquicio,
llega la tristeza.
Y aunque creas que ya esta, en realidad esto solo empieza,
puesto que es solo el borde del precipicio.

Comienza el llanto.
El llanto amargo y silencioso;
lleno de angustia y tan doloroso,
que no piensas que pudiese doler tanto.

Junto al llanto, llega el dolor.
El dolor de no poder hacer nada.
De pensar a la desesperada,
y sentir un insoportable ardor.

Tras una leve calma,
donde te sientes incapaz,
llega el fin de tu inestable paz,
y se te desmorona el alma.

Te sientes abatido.
No sabes que decir o hacer,
a veces llegando a enloquecer,
porque tu calma a huido.

Todo esto, es la impotencia.
Un sentimiento que te hunde,
y que a la vez infunde,
una gran violencia.